April 13, 2008

Sucedió en CaraCaos

MIGRACIÓN DE ESCRÚPULOS LIX

“Como en Caracas todo está candela, hay que mover la cadera”, suele decir un amigo. El punto es que no hay límites. Es un incendio de emociones, una paradoja política, una hipérbole humana… como el femur humano que Cacao se encontró caminando en la calle.

O como el mendigo que violó a una perrita hasta matarla, como relata Luis en un comentario demoledor sobre el último Migración de Escrúpulos que escribí. Su anecdota me dejó fría, asombrada y me hicieron coincidir con él. “De verdad, no se dónde he vivido, que me he mantenido alejado de toda esa baba sicotica”, dijo.

Baba sicótica. Ciudad esquizofrénica. ¿Álguien más tiene algo más que decir? ¡Pues claro! Mucha gente tiene un grito ahogado en la garganta. Otros simplemente ya enloquecieron y hablan de meterle niples por el culo a la gente, mientras las cenizas de un cadaver enturbian la vista al Ávila.

¿Pero porqué hablamos de política… otra vez? No es necesario tocar ese tópico tan gastado cuando un cochino flota en las aguas del río Guaire. Sucedió en diciembre del 2007, a la altura de La California Norte. Los conductores estacionaron sus carros en plena autopista Francisco Fajardo para ver el portento rosado flotando por las putrefactas aguas. “Si fuera un cadaver, Ok. ¡Pero un cochino justo cuando todo el mundo se está comiendo un cable (1)! Un verdadero crimen.

¡Ah! se me había olvidadod decirles que en mi ciudad es la capital de una Cagada de país donde el criminal manda y las autoridades se esconden. Sólo en Caracas, el policía te da una descripción detallada del violador de turno que ronda los precintos de tu universidad para que puedas correr tan pronto como lo veas. “¿Porqué no lo atrapan?” pregunté ingenua en aquella ocasión. La respuesta fue la misma que en otras situaciones:

“NO ES MI PROBLEMA”, dijo.

No fue el problema de los vigilantes de turno de la universidad cuando una piedrita se deslizó hirviendo entre mi pecho. Al sacudir mi blusa no encontré un meteorito sino una bala. El susto dió paso a un ataque de pánico y la reacción solidaria de mis compañeros de clases. Sin embargo, el vigilante sólo subió los hombros como respuesta y nos aconsejó partir antes que llegara otro proyectil traviero. Simplemente:

“NO ME PAGAN PARA ESO”, dijo.

No fue el problema del dueño de la librería en Las Mercedes cuando el cuidacarros sacó un bate escondido detrás del matorral para golpearme por la escasa propina recibida. Un carro con seguros automáticos -aunque no tan buenos vidrios- fue mi salvación en esa ocasión que se convirtió, una vez más, en otra anecdota real de nuestra Babilonia favorita.


La última vez que estuve en Caracas, un pitbull era el protagonistas de las páginas rojas. Al parecer Roque (así se llamaba el perro) se comió a mordiscos a un niño de dos años, mientras su mamá llenaba unos pipotes con agua. En esta historia de crueldades innecesarias (al perro lo tenían amarrado con un alambre y fatalidades previsibles se cuela lo inverosimil, en su versión más bizarra. Y para muestra un botón:

Un novel agente simulaba ladrar para llamar la atención del perro mientras que otro colega aprovechaba el agujero de una lata de zinc para gritar “Roky, entrégate que estás rodeado”. (Diario El Universal)

Me cansé de adjurarle a Hank que el relato del periodista no era producto de una rasca (3) con una guarapita “envenenada”, que era algo “normal” en Caracaos. “¿Normal?’, replicó, dejando en evidencia que había perdido mi capacidad de asombro.

¿Pero que hago? Soy hija de la violencia. De tanto andar Por estas calles solo me queda decir como Eudomar Santos: “Como vaya viniendo vamos viendo”. O como el grupete de anarkonostálgicos de FaceBook: “Fuck you, I am from Caracas!

GLOSARIO DE VENEZOLANISMOS:

comer un cable (1): Pasar necesidad material, estar en una mala situación económica.
UCV (2) Universidad Central de venezuela… my universidad
Rasca (3) borrachera

CaraCaos es la manera como María Antonieta Madrid llamaba a mi ciudad en su obra “De Raposa y de lobos”.

April 8, 2008

"Apalangrar" o del periodismo sin culpa

La Jaula de Oro

Cuando el Catire me tocaba las tetas, me las dejaba como biscochos recién horneados listos para remojar en leche tibia. Los pezones se me ponían como conchitas de naranja que expelían perfume al sentir presión. ¡Qué delicia!

Con la excusa del cansancio, me senté encima de sus piernas. El Catire ni se inmutó y siguió su conversación sobre alguna pendejada intelectual que no me interesa. El pana pretende ser demasiado cool como para perder el tiempo en explicarme el contexto y dejarme participar en la conversación como corresponde, pero tampoco me importa. Lo único valioso para mí -en ese momento- es su mano boy scout debajo de mi falda, intentando llegar al manantial escondido dentro de mí.

Catire bello, mi audaz espeleólogo, te mereces una medalla”, pensé, camino al baño. Sentía las miradas masculinas clavarse en mis tetas y eso me excitaba aún más. Ya dentro del baño me retoqué el maquillaje, me acomodé el pezón travieso dentro de la camisa y me quité la pantaleta, hecha una sopa.

“Puta, eso es lo que eres”, me dijo una mujer justo al salir del tocador. Al voltear me encuentro a mi jefa, vestida -muy acertadamente- con una camisa blanca de seda y con un maquillaje que acentuaba sus ojos azul intenso. La muy atrevida se tomó su tiempo para estudiarme y luego me estampó un beso leve en los labios. “Ni siquiera usas pantaleta” dijo, mientras yo apartaba su mano de la raja de mi vestido.

¡Qué desagradable! La gente se toma unos tragos y se vuelve loca… enfrente de todo el mundo.” En esas pendejadas venía pensando cuando me encuentré al Catire instaladísimo hablando con mi hermana Eloísa. Del tiro, la sequía acabó con mi vergel. No es que no la quiera, pero tampoco me gusta que mi “aventura de una noche” se convierta en una reunión dominical.

Porque eso es justamente lo que es Eloisa: un matiné de películas Disney con príncipes bestias y plebeyas hermosas incluidas.

“¡Estoy gratamente sorprendido con tu hermana! Hablábamos de política y Eloísa ha demostrado ser una persona que lee periódicos, después de todo”, dijo el semental mientras jugaba con la punta de su pene a través del bolsillo.

No quise reaccinar… aún. Solo quería NO perder la fe en mi hermanita y no me defraudó. Se inclinó a darle un beso en la mejilla para despedirse y le susurró algo en el oído. La calentura que las quirúrjicamente perfectas tetas de mi hermana originaron en el Catire se convirtió en hielo. El hombre se convirtió en ratón y el asiento en gato.

-”¿Qué le dijistes, hermanita?”.
- “No seas curiosa, Tatiana… Beso”.

Honores a quien lo merece. Cada quién lucha sus batallas como puede y a mí me estaba esperando una a capa y espada. Además, no quería irme sin lo mío esa noche.

Amor de geeks

-”¿Entonces Catire?”
-”¿Entonces qué, Tatiana”, exclamó con agresividad. “¿Cómo va la revolución?
-”¿El trabajo? Bien gracias. Por cierto, en estos días hablábamos de tí en El Imparcial.”
-”¿Cosas buenas o malas?”
-”Nos acordábamos de cómo nos partíamos el culo trabajando para tí en La Justicia mientras tú se lo partías a las pasantes.”
-”¡Qué tiempos aquellos! ¿Verdad, Eloísa? Ahora mírate, una periodista hecha y derecha que parte y reparte en los pasillos del Congreso.”
-”Aprendí del mejor palangristra: tú. Lástima que estás en picada.”
-”¿Qué tu sabes? No me va nada mal, querida. Y a tí te podría ir mejor si te dejaras “aconsejar”, dijo Catire mientras me invitaba a sentarme encima de él.

Ya en sus piernas, Catire me dió una tarjeta que casi desecho después de aspirar. Pero sus gestos me detuvieron a tiempo. El nombre y el teléfono, escrito en una caligrafía conocida para mí, me devolvieron la lucidez.

-”¿Qué es esto, Catire?” dije alarmada.
-”Esto es una cordial invitación a colaborar con nosotros. Nos gusta como escribes, qué te puedo decir”, dijo, esgrimiendo su sonrisa más seductora.
-”Pero tú sabes que trabajo para el gobierno, perdón, (mirando para los lados) la revolución. No voy a arriesgar mi posición para cambiar a guatepeor.”
-”¿Qué pasó con la periodista que creía en el libre albeldrío y en la democracia?”
-”Bien gracias, ahorcada con las “cómodas cuotas” de un carro y un apartamento nuevo…”
-”¿Qué pasó con tus ideales de justicia social? ¿Y con…”
-”Verga Catire, tu si hablas guevonadas”, exclamé mientras agarraba la cartera. Pero el galán de otoño me detuvo con una cifra escrita en el mismo jodido papelito. Cifra que yo taché para escribir mi precio: hay una gran diferencia entre una puta y una cortesana.

-”Tu si tienes bolas, Tatiana”.
-”Bolas no, una pepita bien, pero bien peluda. Si quieres te la enseño”, dije, sin terminar de tomar mi cartera Furla.
Catire tomó mi mano y la besó. Luego empezó a chupar mis dedos con fruición. “Si escribe también como coge, yo quiero conocer a tu amiga.”

Dark rainbow (detail 2)

April 4, 2008

Bye Bye Caracas

Migración de escrúpulos LVIII

(Artículo que comencé el 01/10/07 y terminé hoy)

De todos los malos ratos que pasé en Caracas, ninguno se compara en crudeza al que viví cuando cursé el taller de narrativa del Celarg. Tenía tan solo 19 años y estaba muy feliz de haber sido seleccionada, por cuanto representaba una oportunidad para mejorar mi pluma, que aunque tenía momentos luminosos, era disconexa en general… como mi vida.

Aún recuerdo mi primer día. Estaba vestida con un taller de falda corta, por cuanto venía de trabajar de la oficina. Cuando entré en el salón la clase estaban hablando justamente de mí. Al parecer el profesor no me reconoció, por cuanto hizo un comentario salaz sobre mis piernas y luego me invitó a salir. Así, de esa manera tan embarazosa, comenzó mi aventura literaria en colectivo… muy mal.

De esto me acordé cuando uno de los compañeros del taller, diez años después, dibujó una horrenda caricatura de mí en un ensayo que le publicaron en una revista en España. Y como si no le hubiera bastado con ello, me invita a leerla y me dedica públicamente el primer párrafo. Por supuesto, todo en un tono tan exquisito que no cabe ni los arranques de histeria ni la mala educación.
Y me sentí mal. Me sentí mal de cuántas veces leía mis cuentos en espera de alguna crítica constructiva mientras mis compañeros me miraban las tetas o intentaban hurgar entre mis piernas con la esperanza de verme las pantaletas. Me sentí mal por todas esas risitas que compartían en grupo antes de hacerme un comentario demoledor del tipo: “¿porque no vuelves a escribirlo?”, “me recuerda a Calver por lo pobre”, “¿no ha pensado en meterte a modelo?”, “creo que deberías reconsiderar seriamente tu vocación literaria”.

Lo hice, para mi propio infortunio. Decidí dejar de escribir literatura y dedicarme al periodismo. Luego abandoné la sala de redacción para (intentar) convertirme en la esposa perfecta. Posteriormente, ante la evidencia de mi propia mediocridad como consorte, me ofrecieron la opción de convertirme en accesorio de oficina, pero me parecía más tentadora la oferta del suicidio… Había tocado fondo.

Gracias a Dios un ángel vino en mi ayuda y me devolvió a los brazos de mi viejo amante: la literatura. No quería morir, por cuanto privaba en mí el afán de documentar lo que me estaba pasando. Y escribí sin descanso sobre mi jaula de mediodía, mis cadenas de oro, mi desamor. En total pude salir a flote gracias a una balsa construida con 600 poemas. Ellos nacieron de mí como ramas de una hidra que no pide permiso para tomar su espacio. A ese nivel de desesperación me importaba un carajo lo que pensaran de mí, así que me reinventé a mi misma y salí a la calle a clamar desencanto.

Las palabras son como hijos: una vez que abandonan el hogar materno nunca regresan… gracias a Dios.

Agradezco haber vivido ese momento por cuanto me devolvió a mi amor verdadero y me dió el coraje para tomar decisiones difíciles. Ahora estoy acá, a miles de kilómetros de distancia de un país que macera en mierda a sus propios bástagos. Pero paradógicamente, cada vez que escribo puedo ver en mi corazón la silueta del Ávila… Y no siento culpa.

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March 29, 2008

Papelón o la dignidad de una perra

LA JAULA DE ORO XI”

La criolla

Fue amor a primera vista, diría yo. La perrita se acercó a mí con cautela y me olió justo cuando salía del agua. Entonces me miró con sus ojos caramelo entrecerrados. Me derretí. Tanto tiempo sin sentir humanidad y la vengo a encontrar en un perro callejero.

¿O seré yo a quién se le está enfriando el corazón?

Mi hermana no comparte mis mismos sentimientos. Cuando el salchicha-terrier-cocker se acerca a ella intentando sacarle una caricia, Eloisa salta de la toalla, intentando proteger su piña colada. “Alberto, ¡quítame de encima esta perra!”, gritaba mientras corría de un lado a otro.

Que tonta, ¿A qué le tiene miedo? ¿A que se le pegue la sarna?

Alberto agarró una lata de cerveza y se la tiró a la perrita. El pendejo casi acierta y le pega a la cabeza al animal, que salió corriendo hacia mi por casualidad. Me agaché para rascarle el hociquito y me volví a parar con un pensamiento en la cabeza…

-”¿Qué te pasa a tí, hijo de puta?”, dije, al tiempo que agarraba la misma lata de cerveza que Alberto había tirado al perro y se la devolvía.
- “¿Qué te pasa a tí Tatiana? Respeta para que respeten. Mira que si hablamos de puta…”, dijo, sin terminar la frase. creo que mirada de fiera le enfrió las bolas al pendejo ese. De hecho, casi le doy un bofetón, si no fuera porque Eloísa se puso en el medio de los dos.
- “Tati, please, contrólate. Comportémonos como una familia normal, hermanita, así sea en vacaciones. Además, ¿te vas a poner así por un perro sarnoso? POr favorrrr!”

La verdad no tenía nada que replicar a ese par; se merecen el uno al otro. Así que agarré mi toallita y la tendí bien lejos de tanta idiotez. A mi lado derecho estaba Papelón, mi nueva perrita, tan destartalada como yo. Al izquierdo reposaba un whisky Etiqueta Negra, el cuál revolvía con el dedo índice. “Salud, Venezuela”, dije levantando el traguito al mar y brindando por tiempos mejores.

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March 25, 2008

Remedios la bella vuelve a mí de vez en cuando

Migración de escrúpulos LXIII


Scenes of the Cordillera De La Costa
Originally uploaded by bill kralovec

Ha pasado casi un año desde su partida, pero aún puedo escuchar su voz de gavilán oriental algunas noches, en sueños. Sueños donde se aparece, bella y grandota, vestida con sus bluejeand apretaditos y sus camiseta de colores chillones. A veces viene para acostarse conmigo en la cama, reclinando la cabeza en mi brazo. Juego a atacarla con mi axila de zorrillo mientras ella ríe histérica de felicidad. Al principio despertaba llorando, con ese gemido mudo y epiléctico de la gente con el corazón roto mientras mi esposo me consolaba con palabras difíciles de entender. Ahora suelo amanecer en paz, devolviendo las risas con toñequerías (caricias) que mi gato recibe feliz y en silencio. Qué irónico, ella que siempre quizo conocer a mi gato, Tuxedo. Probáblemente lo hubiera adorado.

En eso vivo, enfrentando a mis recuerdos, uno a uno, hasta que ya no me duelan y se conviertan en lo que son: una bendición. A veces me encuentro una foto nueva y vuelve la lluvia a mis ojos, pero de eso se trata el luto, la partida. Hoy me pasó eso; un amigo muy cercano me envió las fotos de su último día viva y bueno… aquí estoy mojando el teclado.

¿Vieron que largo tenía su cabello?

Lo más irónico que me había cansado de rogarle que me enviara una foto por Internet, por cuanto tenía 3 años sin verla. La niña vivía en un pueblo donde no había conexión, ni teléfono… nada. Un verdadero Macondo el cual ella estaba decidida a llevar hacia el siglo XIX. Y lo hizo, pero no con mi ayuda, como habíamos planificado. Consiguió una donación de 25 computadoras para un Infocentro que ahora lleva su nombre. Tenía tan solo 16 años.

Remedios la Bella pasó por Macondo y cambió la vida de sus habitantes para siempre. También de su familia y amigos. Mi gran niña-mujer, la única que me daba sermones de sentido común con ese timbre chillón que me rompía los tímpanos y me abría el corazón. Es que Isa tenía unos ovarios bien grandes… mi niña.

No es de extrañar que en su último viaje la acompañara un cortejo de 400 personas, como me contaba su padre, a quién la muerte le abrió los ojos a la vida.

March 22, 2008

Tatiana Palacios, periodista de El Imparcial

LA JAULA DE ORO X

(A modo de post publicado por Tatiana en su blog)

“Mamita, ¿qué me trajistes del Tribunal Supremo de Justicia?” me dijo la loca que tengo como jefa de redacción mientras me miraba las tetas. Y con lo que detesto que me digan “mami”, esa palabra marginal para designar a las mujeres por su sola condición de objeto sexual. Como si uno solo sirviera para coger y mamar.

No es que no me gusta coger y mamar. ¡Me encanta! Pero no me gusta que me la metan a trompicones, con vaselina intelectual, como esta mujer que pretende mandarme. ¿A cuenta de qué? ¿De su afiliación al partido revolucionario?

-”¿Qué voy a traer? Nada, la misma porquería de siempre: que juzgaron a otro chavista arrepentido, esta vez a Manuitt”. Ella me miró con cara de Torquemada para luego poner esa expresión de ora-culo que detesto tanto.

-”Chivo que se devuelve se esnucá. ¿Viste? Escribe rápido pues y se cuidadosa. Que no pase como la última vez”. Así dijo la pendeja esa mientras me rozaba la espalda antes de irse.

Fue justo en ese momento cuando supe que tendría una tarde-letanía, de esas que te torturan hasta casi renegar de tus no-principios. Revolucionario, por supuesto. No, hablo del carácter de la tortura, no de mis principios.

¡Coño! ¡Ya te dije que no creo en nada de esa mierda!… Ay carajo, se me pasó la mano en coca.

Entiéndanme lectores, la única manera de aguantar este revolucionaria mierda es echándose pases. Si no, que lo diga mi amigo el alcalde. ¿Por qué ustedes creen que están trayendo coca para acá? ¿Para hacer tecito?

Pero mejor volvamos a la realidad: a la sala de redacción. Trabajo como periodista de información política en un diario chavista. A veces creo que es el infierno, pero cuando prendo la tele y veo Globovisión me doy cuenta que se trata del purgatorio.

¿Por qué trabajo allí? Bueno, no son los únicos que me preguntan eso. Mi hermana Eloísa, que vive en una nube, se la pasa en esa ladilla. Yo no tengo corazón para decirle que lo hago por dinero. A mi me criaron con gustos de princesa pero no me casé con un marido rico, como ella.

Al contrario, me casé con la revolución, que paga muy bien. Demasiado como para decir no. Además, soy adicta a la acción (amén de otras cosas). ¡Imagínense! El país se desmorona y tengo el privilegio de documentarlo en primera fila.

Pero no se preocupen, casada no es castrada. Tengo vocación de puta, pero no barata. Yo sé sobrevivir en esta mierda.

March 20, 2008

El mejor candidato…


Al paso que vamos…
Cthulhu para Presidente
¿Por qué escoger el menos malo?

No creo que este futuro sea peor que este otro.

March 11, 2008

Chikicracia

“Ahí estaba yo, un tipo de mundo pero sin mucho oficio ni beneficio, recién descubierto por un cazatalentos llamado Andreu Buenafuente, un chowman de éxito, que al igual que Hugo Chávez, sacaba en su programa todo lo que le venía en gana. Tras mi aparición en su chow, yo, Rodolfo Chikilicuatre, me convertía en un ídolo de masas aclamado por el público hasta tal punto, que al final me veía perreando y cantando el baile del Chiki chiki en una Gala organizada por TVE para encontrar el representante de España en el Festival de Eurovisión. Y ganaba…”

(Tomado del blog de Rodolfo Chikicuate, el ídolo español que arrasó en Eurovisión con su mezcla de protesta política, regetton y mal gusto. Es que, como dice Mangas Verdes, ahora no se dice cutre, ordinario, chabacano; ahora se dice Chikicuate

“Lo baila Rajoy, lo baila Hugo Chávez, lo baila Zapatero… con la braga en la mano”

EL CHIKI- CHIKI… PERREA PERREA

March 11, 2008

Cuando Hank visitó Venezuela

Migración de Escrúpulos LXII

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Bukowski es uno de mis autores favoritos y quién me acompaña cuando escribo, especialmente mi novela patético-erótica “La Jaula de Oro”.

La semana pasada lo tuve muy presente. Justo estuve en Caracas con mi gringo en medio de la crisis colombo-venezolana. Sentíamos las miradas casi-asesinas de la gente mientras nos tomábamos unas cervezas en el Gran Café. Mi Hank empezó a fumar como puta, preso de la aprehensión de la gente.
“¿Porqué hay tanta gente desocupada en la calle? ¿Porqué me miran con arrechera (le enseñé la palabra)? ¿Es así en todos lados?”
Muchas preguntas que Hank y yo ahogamos en alcohol en un recorrido por cuanto bar encontramos en Plaza Venezuela.
-Where is the “real” people?
No tuve coraje para responderle, llevarlo a una Misión en Petare ni en Catia, como Hank demandaba. No hubo tiempo tampoco. Tampoco fue necesario.
Cuando yo me quedaba dormida, el pana Hank se caía a curda con el vigilante del hotel, compartía los cigarros con el buhonero, intercambiaba escepticismo consigo mismo.
Yo intenté edulcorar el encuentro de Hank con Venezuela. Pero al contrario de mis expectativas, el pana pudo oler claramente el apetito de sangre en los ojos de mis compatriotas y sobrevivir a eso.
¿Será que nosotros podremos hacer lo mismo?

(Este post era originalmente un comentario hecho a un post de Enigma. El dibujo es mío, como de costumbre.)

March 7, 2008

La señora de servicio… ¿Una guerrillera?

Se descubre que la cachifa que trabaja en la Casa Nariño es una guerrillera de las FARC. No se conoce la misión secreta que tenía esta agente secreta, conocida entre sus camaradas como “Roberta”, pero se sospecha que era el asesinato del Presidente. Roberta escapó hace un par de horas, dejando a su paso un reguero de sangre. Informes de inteligencia dicen que ahora se encuentra en Venezuela, en la hacienda de un tal Rodríguez Chacín.