DEL FINGIMIENTO Y OTRAS FORMAS DE SUPERVIVENCIA

Migración de escrúpulos I

AUTOR: Ytaelena López

A EC la conocí como colega en Caracas hace siete años, cuando yo era una reportera y ella la jefa de información más joven de la radio. A EC* le gustaba meterse en problemas –como destapar casos de tráfico de drogas dentro de las Fuerzas Armadas de mi país- y por tal razón fue víctima de unos cuantos atentados fallidos.
Así que cuando me encontré a EC en Miami, no fue una sorpresa.
Lo que me dejó estupefacta fueron los relatos de su participación en el ‘Show de Cristina’. Junto con una amiga, se hizo pasar como lesbiana-drogadicta-amante de-las-orgías ante una audiencia contabilizada en millones, después de haber dado conferencias de ética ante estudiantes de periodismo. Todo por unos ¿$100?, ¿$200?, ¿$300?; la verdad ya ni me acuerdo de la cantidad.
“Pero tu tienes todo para pedir asilo, e incluso visa por talento especial”, afirmé en aquella ocasión, oronda. El caso es que EC dejó vencer su permiso de entrada a los Estados Unidos –por no tener dinero para pagar a un abogado de inmigración- y había dejado que pasara un año sin pedir el asilo. Ese es el tiempo límite para poder hacerlo sin problemas.
Sin embargo, no todo estaba perdido para ella. Dios –o su viveza criolla- vino en su auxilio y cambió su escoba de mucama (oficio que había desempeñado desde que llegó a Miami) por una libreta de periodista, una vez más. Su retorno al seno de la Iglesia Católica le permitió gestionar su asilo bajo un argumento distinto a la violación de sus derechos humanos, la fe (aunque sea fingida). “¿Y sabes que fue lo mejor? Que pagué una miseria para hacerlo”, remató EC. ¡Alabado sea el señor!
De “casos de familia” a funcionaria del INS

KG era otra de las tantas miles de inmigrantes que habita en el Sur de la Florida. Una más. El detalle no es si ha logrado el sueño americano, el detalle es cómo. ¿El fin justifica los medios? “Uno tiene que ver la manera cómo sobrevive acá en esta vaina, no es fácil”, argumentó KG mientras celebraba la llegada de su residencia.
KG se sorprende de sí misma de todo lo que ha logrado en los EEUU en tan poco tiempo, considerando la manera cómo llegó. Incluso hasta se ríe cuando relata como pudo regresar después de que se le venció la visa al haberse quedado más tiempo del debido. “A mi esposo y a mí nos invitaron a participar en ‘Casos de Familia’, y nos mandaron el pasaje y todo”, relató. Ella no sabe si fue suerte o algo parecido, pero el hecho es que el oficial de Inmigración del aeropuerto no se fijó en las fechas, y ella pudo volver a entrar sin problemas, esta vez para nunca más salir.
“ Imagínate, yo le gritaba a mi esposo que era un perro, que me pegaba, que se metía drogas, y él me respondía que yo era una p… casi nos agarramos de las greñas”. Por supuesto, todo era mentira, al igual que el matrimonio que ambos contrajeron con ciudadanos americanos, después de pagar bastante dinero. Lo que es de verdad es el trabajo de oficial que KG tiene en el aeropuerto. ¿Quién lo diría?
KG es la evidencia incómoda de que ningún ‘sistema’ es infalible, ni siquiera el de los Estados Unidos. Y entre los resquicios de las leyes que rigen el coloso del norte habitan cientos de miles de inmigrantes ilegales que trabajan, pagan impuestos, tienen hijos, pero tienen estatus migratorio ‘dudoso’.
Por ejemplo, según el informe elaborado por la Comisionada Dana Badgerow para el gobernador de Minnesota Tim Pawlenty, en ese estado “existen aproximadamente 8,000 trabajadores ilegales que presentan sus planillas de impuestos -utilizando su número ITIN – para aumentar los ingresos del estado. Como no presentan sus planillas de declaración, las devoluciones como excedente de pago son almacenadas por el gobierno federal y estatal y acaban como retenciones no pagadas. A pesar de esto, existen algunas personas que argumentan que el monto de estos fondos es una cifra significativa, aún cuando la cantidad exacta, atribuible a los inmigrantes ilegales es desconocida” . El director del Seguro Social, Stephen Coss, ha asomado incluso la cifra de entre $6.5 y $7 billones anuales.

Sueños en balsas

Más allá de nuestra belleza (aunque suene pedante), hay algo que nos distingue a nosotras, las mujeres venezolanas: sabemos sobrevivir, aún en el medio más inhóspito.
Creo que lo mismo pasa en la mayoría de los países de Latinoamérica, donde la mujer carga sobre sus hombros el peso de sacar adelante a su familia. La mayoría de las veces lo hacen sin el apoyo de su pareja. Casi siempre bajo la mirada ausente del Estado.
A veces nos vemos obligadas a hacer cosas que no nos gusta hacer, como emigrar a los Estados Unidos o Europa sin tener las condiciones idóneas para hacerlo. En el caso de Venezuela, al principio los motivos fueron económicos y luego se convirtieron en políticos. ¿Será por eso que nos llaman ‘cubanos con petróleo’ o ‘balseros del aire’?

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