Migración de Escrúpulos XXVII


Vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos

Su rostro pasó de la luz a la niebla en un botón. Mientras recibía las felicitaciones de sus amigos, sostenía el celular entre el hombro y la oreja. Parecía que quería dejar caer el auricular al piso y luego romper la pantalla con su fino tacón; pero nunca dejó de sonreir ante sus amigos. Un gesto solo de boca, pero no de ojos.

-“Es mi papá”, dijo fastidiada.
-“!Qué lindo! Te llamó para felicitarte.”
-“No, me llamó para pedirme dinero por tercera vez en un mes”, terció, “pero al menos me dió la bendición, justo después de mandarme el número de la cuenta de banco donde debo depositarle en dólares al tipo que le prestó la plata en bolívares”.
-“¿Cuánto te pidió?”
-“400 mil bolívares, pero yo aún no había decidido si prestarselos o no. Ahora estoy jodida porque me echó esa deuda a mí sin consultarme”.
-“Pero, ¿el no te había pedido 400 mil el mes pasado para sacar el carro del taller?”
-“Sí, y le presté 100. Ahora me los vuelve a pedir. Que arrechera”.
-“¿De quién están hablando? ¿De mi papá?”, interviene el hermano de la chica. “No le vayas a prestar porque yo ya le mandé 400 mil bolívares para que sacara el carro del taller”, advierte.
-“!Qué! ¿Tu le mandastes plata? !Qué bolas! O sea que…” tensa la chica con palabras.
-“O sea que su papá los estafó” sentencié yo, que no soy la mujer más asertiva a nivel emocional. “¿Qué esperaban? Si engañaba a todo el mundo y ustedes se hacían la vista gorda o lo aplaudían, luego no se quejen cuando les pase a ustedes”, concluí a modo de puñetazo.

El único salvoconducto a la deshonestidad es la honestidad.

!Que perogullada!

Y me acordé del niño de 8 años a quién su padre le propuso participar de una corrupción de tamañas proporciones. Le pidió que fuera la mano inocente que sacara el número ganador de una lotería organizada por la alcaldía local. El chamo sólo tenía que sacar el papel más frío de todos -aquel que ellos habían metido adrede en congelador- y así se ganaba una bicicleta, mientras que los jugadores sólo verían frustradas sus esperanzas ludópatas en un auto de fe sacramental a la viveza criolla.

El niño, ahora un hombre, le preguntó al papá si eso no era trampa, si eso no era algo malo.

-“¿Tu eres medio gafo, muchacho? Aquí todo el mundo hace trampa, es normal en Venezuela”, contestó el padre, intentando contribuir de ese modo a la educación de su hijo.

¿A que no adivinan qué hizo el niño?

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2 Comments

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2 responses to “Migración de Escrúpulos XXVII

  1. Guillermo

    …lamentable, pero es asi como nos están deformando la moral.

  2. Rodolfo

    Y muchos años después llegó el comandante y mandó a parar. Pero la cosa se multiplicó…

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