Migración de Escrúpulos XXXII

¿Cómo pensar en balas cuando el alma habla?

El vino espera por mi en la mesa, tal como hace ese post echado al lado sobre el mezquino presente de una niña llamada Silvia, mi amiga viviendo en un hiperbólico país llamado Venezuela.

No me malinterpren; EEUU es otro movedizo territorio de sueños frígidos.

Pero a veces las cosas se hacen fáciles cuando tienes con quién hablar, cuando al menos existe la certeza que puedes irte o quedarte, amoldarte o hacer una trinchera, ganar dinero o ganar un sueño, depender de un tiempo o de un sueldo… en fin, hacer lo que te sale del forro del culo, pagando el precio.

Ahora amo el pequeño Coral Gables donde me hospedo por no se cuanto tiempo… y me como las uñas pensando en cuál va a ser el siguiente paso. Pero al menos me queda la incertidumbre como alternativa.

Sin embargo, cuando hablo con Silvia, ni siquiera el maravilloso CD que me regaló Luis carlos me hace olvidar su voz chillona y sus risa sardónica, demasiados para tener 15 años.

“¿Qué cómo estoy? Aburrida de este lugar donde no pasa nada, donde no hay Internet, no hay ni siquiera gobierno porque el alcalde vive fuera del pueblo y donde nadie cree en nada sino en el gobierno que les de subsidios y dinero”.

!Tanta amargura! Me siento tan pueril en comparación.

Pueblo de agricultores al fin, para ella la única opción diferente a ordeñar vacas en el campo o salir con una barriga es trabajar en el único abasto-centrotelefónico-restaurante-peluquería del lugar.

Bueno, pero al menos que se divierta, le digo como la amiga que es. Total, los lugares son menos hostiles cuando tienes a quien besar.

“Ay prima, aquí todos los hombres o son montacachos (infieles), o son celosos, o tienen hijos (¿?) o son mente pollos.”

Un dejo de amargura me estruja las tripas cuando escucho eso de una niña a la cual no quieren que la llamen niña más nunca. Peor, la billis se me escapa de la boca cuando caigo en cuenta de lo que habla a través de otro comentario hecho por otro pequeño conocido hace un tiempo atrás:

“Primero mi amigo me contó que quería una machito (camioneta rústica) con cauchos anchos y super cornetas como regalo de 15 años. Luego me contó -!mirando al cielo con una carita!- que su segundo sueño era tener una pistolita. Uno no es nadie sin un arma”.

Chávez, gracias por la instrucción pre militar obligatoria.

Ahora todos mis primos saben desde los 15 años como defenderse en una hipotética guerra asimétrica, cuando otra batalla -bien real- se libra en las calles entre quienes desean un futuro diferente pero sabes que nunca lo tendrán. Patria o muerte.

Ni pensar cuán aburridas eran las clases de Educación Cívica y Ciudadana que recibía en el colegio. ¿Aún las seguirán impartiendo?

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Filed under adolescencia, chavez, educación premilitar

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