Pachanga brincaíta, para no lastimarnos los pies

Opinion: migracion de escrupulos XXXXIX

¿Cuáles son las anclas de nuestra identidad?…

Cuando salí de mi adorada Caracaos, aún ni siquiera tenía el cuarto de siglo. Así que los recuerdos que pude acumular eran barajitas frívolas de un álbum de papel. ¿Acaso mi corazón podía privilegiar los performances de poesía que realizaba en Al Trote sobre las bailaditas de merengue en un antro del CCCT?
Intelectualmente sí, emocionalmente no.

El caso es que me fui de Caracaos llena de rabia y dolor, como muchos. Y adjuré de extrañarla… al principio. Me sacaba de quicio el tono de voz destemplado de las venezolanas en los supermercados, la cavita llena de cervezas que llevaban los maracuchos a las playas de Miami Beach, las canción ‘yo me quedo en Venezuela’ cantada por Carlos Baute desde España, la altanería intelectual de vene-co.

Cual sería mi sorpresa que después de un año mi lexico pulido de la Escuela de Letras se volvió pura-sifrineria-de-la-chama-chevere-y-burda-de-pana. Que empecé a extrañar el brincaito del tecnomerengue y la gaita, y que le pedí un autógrafo a Papo, de Sandy y Papo (y yo que escribía de música electrónica). Que cambié el vino por ron-venezolano. Que me escapaba a restaurantes cubanos a las 12 de la noche para poder hablar gritado y rememorar mis after-parties de arepera.

La nostalgia es irracional, no te engañes, y mucho más la de mi generación. Sí, me pegó la muerte de Belle Epoqué, pero también me pegó la desaparición de Doors, o la decadencia de Palladium (al cual asistí cuando era menor de edad). Y sin embargo, no lloré mucho, porque sabía que nuestra generación mutante se apropiaría de algún otro símbolo de prosperidad pasada para mancillarlo con música electrónica y kurda. Y así pasó…

La nostalgia de nuestra generación tiene que ver con la ausencia de la posibilidad de una gratificación inmediata. Aquí en EEUU uno debe trabajar duro -sin permitirse casi distracciones si se desea alcanzar algún sueño- mientras que en Caracas los platanos se comen verdes, con sal, vinagre, y un buche de cerveza, aunque amanezcamos con ratón.

Nuestra nostalgia es la adrenalida de una emoción no reprimida, así sea ira. Caracas es el hijo (a) de un filósofo pelabolas que ahora le dió por ser punk, con el cuál nos “resolvíamos” cuando estábamos borrachos (todo el tiempo), y que ahora NO NOS PARA BOLAS.

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1 Comment

Filed under Caracas, Miami, nostalgia

One response to “Pachanga brincaíta, para no lastimarnos los pies

  1. luis

    Cuando vivi alla, trate de no reunirme con venezolanos. Extrañaba al avila. El cafe eso de pedir un marroncito oscuro con un poquito de espuma, el marron claro. El conleche,El negrito, un negro fuerte (si me oian decir eso pensarian que soy medio gay) el guayoyo, el sentarme en una cafeteria y leer un libro e intercambiar chismenes con el mesonero. Ir a la panaderia y apuntar a la dependiente con el dedo en forma de pistola y gritarle ¡¡PAAAN!!! PAAN!!! y que ella entre sonrizas me diera mi canilla. el idioma, el calor del idioma, me di cuenta que el hogar es el idioma. El oir la “labia de un motorizado” los giros idiomaticos Y solo tenia dos libros en español La guerra del fin del mundo de vargas llosa ylas obras completas de calderon de la barca, cuando llegue al pais, casi nadie comprendia mi español. Ya ue releia y releia esos libros, para sentir el calor del hogar. Cuando estudie en margarita casi nunca iba a la playa, ya que se convertia en un fastidio y cuando iba era por estudio, lo cual no la hacia muy atrayente, alla heche de menos cada playa, queria una cuyagua, y por favor no le ponga mucho hielo Y despues me trae una Chuao, pero sin mucho choroni. casi decia.
    Pero sobre todo el verde, todo ese verde de las montañas en invierno, las flores amarillas de principio de las lluvias. El caos organizado de caracas. No se pero sobre todo odiaba el invierno y limpiar la acera de la casa de toda esa nieve, cambiar los cauchos del carro, y el frio. Y el calor bochornoso de verano que hacia que maracaibo pareciera la colonia tovar.
    Como vez me fue dificil vivir lejos. Y caundo llegue aqui apenas ganaba para echar galonina al carro comprar cigarros e ir una vez al mes al cine, y alla ganaba cerca de los 5000$ en un instituto de investigacion privado. Pero tenia una sonrisa estupida en mi rostro todo el tiempo.

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